
Este diminuto pin de solapa es, sin ninguna duda, la pieza más importante de cualquier colección de la humanidad. Representa la fusión épica entre IBM —la corporación más seria del universo conocido— y los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver 2010, un evento en el que la gente se deslizó cuesta abajo sobre hielo con una dignidad que este pin eleva a categoría de arte. No se trata de un simple pin. Se trata de un portal hacia una era en que los ordenadores pesaban más que un SUV y los patinadores artísticos llevaban lentejuelas sin ningún tipo de vergüenza. Guardado con más mimo que los ahorros de toda una vida, este pin ha sobrevivido a diskettes, a Windows Vista y a la crisis financiera del 2008. Merece estar en el Louvre.

Este diminuto pin de solapa es, sin ninguna duda, la pieza más importante de cualquier colección de la humanidad. Representa la fusión épica entre IBM —la corporación más seria del universo conocido— y los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver 2010, un evento en el que la gente se deslizó cuesta abajo sobre hielo con una dignidad que este pin eleva a categoría de arte. No se trata de un simple pin. Se trata de un portal hacia una era en que los ordenadores pesaban más que un SUV y los patinadores artísticos llevaban lentejuelas sin ningún tipo de vergüenza. Guardado con más mimo que los ahorros de toda una vida, este pin ha sobrevivido a diskettes, a Windows Vista y a la crisis financiera del 2008. Merece estar en el Louvre.